De Mente Circular

Un espacio ecosistémico, circular y posmoderno para las ideas sobre la mente y el comportamiento.

martes, octubre 18, 2005

SALUD MENTAL Y VEJEZ

Un estudio en ancianos de Lima Metropolitana
César Vásquez Olcese
Universidad César Vallejo Trujillo - Perú
Resumen
Se aborda el estudio de la vejez a partir de tres aspectos concretos: salud mental, percepción del envejecimiento y autonomía funcional. Se trabajó con una muestra de 159 ancianos de ambos sexos, mayores de 65 años, de clase media de Lima y no institucionalizados. Se aplicó a manera de guía de entrevistas la Escala de Salud Mental del Indice Médico de Cornell, una escala de autonomía funcional y otra de percepción del envejecimiento, elaboradas ex profeso. No se hallaron diferencias significativas en estos tres aspectos en función al género y la edad de los ancianos. Si se halló, en cambio, relación significativa entre salud mental y percepción del envejecimiento. Se reportan también las características que más destacan los ancianos en cuanto a las tres variables estudiadas.

Tradicionalmente se ha dicho que el Perú es un país joven y de jóvenes. Ello es especialmente avidente si se considera que la población menor de 25 años constituye casi el 60% del total de los habitantes (Ricketts, 1991). En tal sentido, la población anciana viene a conformar, porcentualmente hablando, un grupo minoritario. Estando la esperanza de vida del peruano promedio en poco más de 60 años (Ugarte, 1986), el total de personas que superan dicha edad gira en torno al 5% y 6% . Sin embargo, este dato tiende a ocultar un problema latente, que no se logra captar con precisión, si se asume en términos absolutos. El gerontólogo peruano Carlos Vivanco Eguiluz (1982) plantea que entre los años 1876 y 1980 el porcentaje de personas mayores de 60 años ha sido casi el mismo, a pesar de que en cifras reales el total ha aumentado en más de diez veces. En el presente año su número sobrepasa el millón de ancianos, siendo el estimado de la ONU para el año 2,000 de 1'853,000 , es decir, casi el doble en menos de diez años (CIGS, 1986). Como se ve, en el Perú la población anciana o en trance de serlo, aumenta silenciosa y progresivamente.
Sin embargo, en la actualidad no se tiene plena conciencia de este hecho y de sus implicancias futuras. Los problemas derivados del subdesarrollo y de las necesidades cada vez mayores de una población que se torna más y más exigente, inducen al Estado a fijar su atención y esfuerzos en tratar de dar solución a problemas coyunturales, que atañen a la "generalidad" de los habitantes, antes que a diseñar estrategias de intervención en función a las caraterísticas concretas de cada sector de la población.
Por ello, es casi un lugar común decir que los viejos de nuestra sociedad están marginados. Alejados de la producción contra su voluntad, poco consumidores dada su escasez numérica y su falta de ingresos, los peruanos de la tercera edad sobreviven como la mayoría de sus coetáneos de todo el mundo: a expensas de una sociedad casi siempre hostil y recibiendo los mendrugos que ésta se digna ofrecerles. Síntoma de este descuido es el escaso conocimiento que se tiene de la realidad psicológica del anciano peruano, de su subjetividad y de la percepción de sí mismo y del mundo en que vive. Los estudios referidos a la vejez se centran por lo general en los aspectos demográficos, socioeconómicos, de seguridad social y de salud física, dejando de lado la cosmovisión y la salud mental del hombre que envejece. Es, pues, imperioso aproximarse y rescatar su dimensión subjetiva; conocer su problemática de salud mental y sus potencialidades subyacentes; saber cómo se percibe a sí mismo y a su envejecimiento, a fin de establecer una psicología del anciano peruano y rastrear los factores materiales y sociales que la determinan. Para ello investigar la realidad del anciano de clase media parece ser lo más adecuado. No sólo por constituir el grupo mayoritario dentro de este grupo de edad, sino también por que sus cacterísticas socioeconómicas intermedias permiten una mayor generalización de los resultados que se obtengan, ya que no se encuentran en la situación extrema y múltiplemente deficitaria de los ancianos pobres y tampoco conforman el grupo privilegiado y minoritario de ancianos de clase alta.
El presente estudio buscó realizar un acercamiento a la psicología del anciano de clase media a partir de tres áreas concretas de investigación: Salud mental, percepción del envejecimiento y autonomía funcional. Se quizo reconsruir, en la medida de lo posible, la problemática real de los ancianos, detectando al interior del sector seleccionado los grupos que requieren atención prioritaria y perentoria. Asímismo, este trabajo constituye la segunda etapa de un proyecto de investigación más amplio, siendo la primera etapa la realizada con el estudio de la realidad psicosocioeconómica de los ancianos de los sectores urbano﷓marginales de Lima (Bibolini, Cano y Vásquez, 1990)
En tal sentido, se buscó dar respuesta a las siguientes interrogantes:
1) ¿Qué características de salud mental presentan los ancianos de clase media en función a las variables edad y género?
2) ¿De qué manera perciben su envejecimiento en función a las variables mencionadas?
3) ¿Qué nivel de autonomía funcional es característico de este sector de ancianos, según su sexo y edad?

Para fines de la presente investigación se incluyó en la categoría de ancianos a todos los sujetos, varones y mujeres, mayores de 65 años, con domicilio en la ciudad de Lima, integrantes de la clase media. Se consideraron como sujetos de clase media a aquellos ancianos que reunían las siguientes características: 1) vivienda de material noble; 2) de propiedad del anciano o alquilada; 3) ingresos personales regulares; 4) con acceso a la satisfacción de sus necesidades básicas; 5) que habiten en sectores urbanos considerados de clase media, que cuenten con los servicios básicos de luz, agua y desague; y 6) que se incluyan a sí mismos dentro de dicho estrato social. Se definió la salud mental como el equilibrio psíquico que resulta de la interacción del individuo con el medio circundante y que le permite desarrollar todas sus potencialidades humanas. Está estrechamente asociada a la satisfacción de las necesidades. Opreracionalmente se la definió como el puntaje obtenido en la "Escala de Salud Mental". Se entendió por Autonomía Funcional la capacidad que tiene el anciano para valerse por sí mismo, interactuar con el ambiente y satisfacer sus necesidades. Operacionalmente se la definde por el puntaje obtenido en la "Escala de Autonomía Funcional". Percepción del envejecimiento es la manifestación subjetiva de los cambios sufridos a nivel somático y funcional, atribuibles al envejecimiento. Esto se expresa en un cambio de la identidad personal, la imagen corporal, la autovaloración, etc. Operacionalmente puede definirse como la autoatribución de rasgos de vejez.
La muestra con la que se trabajó estuvo conformada por un total de 159 ancianos, los mismos que reunían las siguientes características:
- Mayores de 65 años.
- Varones y mujeres.
- Pertenecientes al estrato socio-conómico medio.
- No hospitalizados ni institucionalizados.
- Dispuestos y aptos para responder a la encuesta por sí mismos.
Se partió de un listado inicial de 250 ancianos, arribándose a la cantidad antes mencionada de 159 luego de varios procesos de depuración muestral. El criterio que guió en todo momento el proceso de selección de la muestra fue el de muestreo intencionado, que se consideró el más adecuado dada la carencia de datos demográficos confiables que hubieran hecho posible un tipo de muestreo más riguroso. Para el procesamiento estadístico se utilizaron las pruebas "t" de Student y Indice de correlación de Spearman.
A continuación se hace una descripción muy suscinta de las principales características de la muestra, de acuerdo a las variables edad, sexo, grado de instrucción, distrito de residencia, estado civil y situación laboral. Se tiene que el mayor porcentaje de ancianos (39.4%) se ubica en el intervalo de edad comprendido entre los 65 a 69 años, y que a partir de allí el porcentaje desciende constante y uniformemente en dirección a los más longevos. Se constata también que la muestra está conformada por un mayor porcentaje de mujeres (59.7%) que de hombres (40.3%). En cuanto al nivel instruccional, el grupo mayoritario está constituido por ancianos con estudios secundarios (37.6%), seguido por los que poseen algún nivel de estudios primarios (36.7%). Ambos conforman las tres cuartas partes de la muestra. La cuarta parte restante (24.4%) la integran aquellos ancianos que han seguido algún tipo de educación superior (sea universitaria o técnica). En otras palabras, 4 de cada 10 ancianos de la muestra refieren haber estudiado algún año de educación secundaria; 3 de cada 10 han estudiado algún grado de primaria, y de 2 a 3 de cada 10 han hecho lo mismo con la educación superior. Esto quiere decir que los sujetos estudiados poseen un nivel educativo más o menos aceptable para desenvolverse en un medio socio-cultural como el nuestro. Los ancianos fueron seleccionados en su gran mayoría de distritos considerados como típicos de la clase media o media alta (Miraflores, San Borja, San Isidro, etc); incluyéndose algunos distritos de clase media baja, porque los ancianos que residían allí contaban con los requisitos exigidos en el proceso de muestreo.
En cuanto al estado civil, el sector mayoritario lo constituyen los ancianos viudos (46.9%), llegando a alcanzar a casi la mitad del total; seguidos muy de cerca por los ancianos que todavía conservan a su pareja (39.3%). Lo interesante de este dato es que si se toman los porcentajes de ancianos divorciados (2.2%), viudos (46.9%), separados (2.7%) y solteros (8%), en conjunto, se obtiene que cerca del 60% de la muestra vive en situación de "soledad conyugal"; vale decir, que no cuentan con una pareja con la cual compartir sus existencias. Esto no debe confundirse con aislamiento o abandono social, ya que en su mayoría estos ancianos forman parte de familias nucleares, en calidad de agregados. De esta manera, es poco común el caso de aquellos que viven completamente solos. Sin embargo el caso de "soledad conyugal" debe tomarse en cuenta por su influencia sobre la vida emocional y sexual de los ancianos.
Finalmente, en lo concerniente a la situación laboral de los sujetos de la muestra, se observa que ésta se halla conformada en su mayor parte por ancianos pensionistas o jubilados (36.3%); es decir, que gozan de un ingreso permanente gracias a su trabajo desempeñado a lo largo de varias décadas. En segundo lugar están los ancianos que se dedican exclusivamente a realizar labores domésticas (32.3%), como parte de sus obligaciones familiares (en especial las ancianas amas de casa). Aunque no reciben ingresos por este concepto, esto no excluye que perciban ingresos de otro tipo, como rentas, ayuda de familiares, etc. Luego vienen los ancianos que al momento de ser entrevistados se encontraban laborando (13.7%), siendo éstos en su mayor parte profesionales liberales y comerciantes, que no están sujetos a un régimen de jubilación forzosa. Por último, están los que no realizan ninguna labor importante o destacable dentro o fuera del hogar (los desocupados) y que tampoco son pensionistas, conformados en su mayoría por los más longevos (10.6%), y aquellos que realizan trabajos eventuales, pequeños oficios, aunque su sustento no depende por entero de su realización, sino que lo hacen por costumbre, por mantenerse ocupados, o por facilitarse un ingreso extra (7.1%).
El instrumento utilizado en la investigación estuvo conformado por cuatro secciones de la "Encuesta de actitudes y condiciones de existencia", aplicada por Bibolini, Cano y Vásquez (1990) en su investigación sobre ancianos de sectores marginales de Lima. En su primera sección buscaba recabar información general sobre su situación socio-económica y demográfica, que permita clasificar a los ancianos. En la segunda sección se incluyeron 30 items de la escala de salud mental del Indice Médico de Cornell. Estos items eran representativos de las siguientes 10 secciones del IMC: G (sistema nervioso); I (fatigabilidad); L (hábitos de vida); N (depresión); P (sensibilidad); Q (cólera); O (ansiedad); M (insuficiencia o inadecuación); J (hipocondriasis); y R (antecedentes de salud mental). Estos items debían contestarse con SI o con NO, según correspondiera a la realidad de cada anciano. De tal manera, el puntaje podía variar de 0 a 30, otorgándose un punto por cada SI. La tercera sección pretendía indagar sobre diversos aspectos de la autopercepción del envejecimiento. Se incluyeron items que buscaban hacer meditar al anciano sobre los diversos cambios que ha observado en su apariencia física, en el funcionamiento de su organismo, y en su forma de ser. Con la cuarta sección se evaluó la autonomía funcional de los ancianos; es decir, la capacidad de valerse por sí mismos socialmente y de interaccionar con el entorno de forma independiente. Para ello se elaboraron 16 items que representan actividades sociales específicas, que suponen un nivel determinado de autonomía según que el sujeto los pueda realizar o no.

1) Salud Mental: En lo que respecta a esta área de investigación, se halló lo siguiente:
- Los ancianos de la muestra se caracterizan por presentar dificultades para responder con eficacia a los estímulos del medio. En especial, se observa que ellos se perciben lentos para reaccionar, tendiendo también a equivocarce en sus respuestas y en el procesamiento de la información que se recibe del entorno (56.6%). Esto parece corroborar, en cierta medida, el estereotipo ampliamente difundido acerca de la lentitud de los ancianos.
- El problema que destacan en segundo lugar se ubica dentro de la esfera de la afectividad. Al respecto, los ancianos proponen como una dificultad especial en sus vidas la extremada sensibilidad que los caracteriza; por ello, la mayoría tiende a ofenderse con facilidad o, en su defecto, a mostrarse tímidos o inhibidos (45.9%).
- A esto se agrega, en tercer lugar, que su relación con el mundo está marcada por la ansiedad. Un sector importante de ancianos manifiesta que se enfrenta a su realidad cotidiana con una gran carga de temores y preocupaciones. Entre ellos destacan los referidos a su estado de salud. Es por ello que el anciano de clase media se muestra hipocondríaco, dado que su preocupación por las enfermedades y los achaques tiende a ser excesiva (43.3%).
- De otro lado, también se ven afectados por el cansancio y la fatiga constante (38.4%), lo que les produce, al parecer, alteraciones en el sueño (39.6%) y propensión a encolerizarse o irritarse (39%) a la manera de un cuadro "neurasténico" (aunque este término ya está en desuso) (Kolb, 1978).
- El panorama descrito hasta el momento parece corroborar lo sostenido de manera general por Mishara y Riedel (1986), respecto a los problemas de salud mental que se presentan asociados a la edad. Del mismo modo, coinciden con lo hallado por Bibolini, Cano y Vásquez (1990) con los ancianos de sectores marginales.
- Aunque no se hallaron diferencias en los niveles de salud mental de los ancianos varones y mujeres, ya que el número de síntomas que aquejan a los individuos de uno y otro sexo son similares en promedio (6.2 y 6 respectivamente), si se encontraron rasgos interesantes en relación a los síntomas específicos para cada sexo. Así, se tiene que, tomados individualmente, casi todos los problemas psicológicos evaluados se encuentran más extendidos entre las ancianas que entre los ancianos. Esto quiere decir que son las mujeres que arriban a la tercera edad quienes tienden a verse más afectadas por su situación de ancianas, repercutiendo esto en su integración psicológica y emocional, y en el funcionamiento de su sistema nervioso. Ello concuerda nuevamente con la situación de las ancianas de los sectores menos pudientes, mencionada anteriormente, que también presentan graves dificultades de salud mental (Bibolini, Cano y Vásquez 1990). Entonces, se puede afirmar hasta cierto punto, que el sector femenino de los ancianos es el que cuenta con menos recursos para afrontar la vejez saludablenente (a pesar de lo que dicen las estadísticas demográficas, en el sentido de que las mujeres sobreviven a los varones) constituyendo, así, un grupo de alto riesgo en salud mental.
- De otro lado, tampoco se halló relación significativa entre la edad de los ancianos y su salud mental. Vale decir que, tomado en general, el hecho de envejecer no acarrea necesariamente una mayor cantidad de problemas de salud mental. Al igual que en el caso de salud mental y sexo, la relación debe buscarse en lo específico. Se quiere decir con ello que sólo algunos problemas concretos parecen acentuarse a medida que se envejece. Se ha encontrado, por ejemplo, que los problemas de insuficiencia o inadecuación frente al medio tienden a aumentar con la vejez, haciéndose más evidentes en los ancianos de 85 años. Lo mismo se puede decir en cuanto a la preocupación por las enfermedades, la fatigabilidad, y la tendencia a irritarse o ser colérico.
- Con esto se tiene que, al igual que el grupo de las mujeres, el sector de los más longevos también constituye un sector de alto riesgo en salud mental.
2) Percepción del envejecimiento: Lo más destacable en este rubro es lo siguiente:
- Los ancianos de la muestra al describir los rasgos de vejez que son más notorios en sus personas tienden a resaltar más los cambios ocurridos en el plano físico. Por lo observado, se puede decir que percibirse viejo en la clase media limeña es percibir cambios en la apariencia física: menos cabello, canas (91.2%); manchas y arrugas en la piel (81.1%); mayores problemas de visión y de audición (74.9%); déficit en la fuerza muscular (59.7%), etc. Es decir, la metamorfosis típica del anciano de cualquier latitud. A esto se agrega una característica psicológica, como es su fuerte apego al pasado (57.2%), ya sea bajo la forma de recuerdos (rumiar el pasado) o asumiéndolo como un modelo para el presente.
- La influencia del sexo y la edad sobre la forma como los ancianos perciben su proceso de envejecimiento, se presenta de manera similar a lo que se observó en salud mental. Aquí también se encontraron promedios similares entre hombres y mujeres, en cuanto a la cantidad de rasgos que se autoatribuyen (12.8 y 14.6 respectivamente).
- Tampoco hay una asociación significativa entre el paso del tiempo y el número de rasgos que perciben perciben en sí mismos. Donde sí se nota la influencia de las dos variables mencionadas es en la percepción de rasgos específicos. Es el caso, por ejemplo, de la presencia de manchas y arrugas en la piel, que son más destacadas por las mujeres y por los ancianos (varones y mujeres) mayores de 85 años; y la disminución de la fuerza muscular, más sentida por los hombres y por el sector mayor de 85 años.
- A este respecto, el factor social y los roles genéricos parecen ejercer una fuerte influencia. Las mujeres toman más en cuenta el cambio en su apariencia externa, vinculada a la belleza, coquetería y femineidad; los hombres, por su parte, resienten más la debilidad física pues está asociada al trabajo duro, la agresividad y la protección al sexo débil. Su pérdida puede ser vista como una disminución de la virilidad y un aumento de la dependencia (Acevedo, 1985).
- Dentro de la percepción del envejecimiento, cabe llamar la atención sobre la explicación (atribución de causas) que los ancianos realizan de su vejez, y sobre la rapidez con que ésta se instaura para ellos. El criterio cronológico (esto es, explicar la vejez por el paso del tiempo y la acumulación de años), que fue destacado en primer lugar por los ancianos pobres de Lima (Bibolini, Cano y Vásquez, 1990), es también el que prima en el sector de clase media (76.1%), y en especial, entre los varones (83.3%). Las mujeres también lo destacan (71%), aunque hacen mención además de otras causas, como las enfermedades sufridas (16.1%) y el tipo de vida que han llevado (16.1%). Sobre esto último, la diferenciación de roles vuelve a prevalecer: las mujeres ancianas han vivido la mayor parte de su vida sujetas a criterios machistas, que las han condicionado para el sacrificio y el sufrimiento (especie de desesperanza aprendida). No en vano, un tercio de la muestra está conformado por amas de casa.
- El criterio cronológico parece perder vigencia a medida que el sujeto se vuelve más longevo; es decir, que la vivencia de la vejez va socavando esta explicación tan simple y añadiéndole otras explicaciones.
- El ritmo del envejecimiento es percibido de forma diferente por hombres y mujeres. La mayoría de los varones (59.1%) piensa que envejece de forma lenta o poco a poco. Las mujeres, en cambio, en su mayor parte (52.7%) ven este proceso como algo normal, ni lento ni rápido.
- La edad también parece influir sobre la percepción de la rapidez del envejecimiento. La vejez en sus inicios es percibida como un proceso lento, el mismo que cambia hacia una visión de normalidad hacia los 85 años. Esto hace suponer que los ancianos más longevos se van "acostumbrando" a su vejez, que la comienzan a vislumbrar como algo natural.
- Antes de pasar a comentar la tercera variable de estudio, se creyó conveniente hacer mención de la correlación hallada entre salud mental y percepción del envejecimiento. Esta relación, que se manifiesta como sustancial o marcada (0.62), hace suponer una influencia negativa de los problemas psicológicos sobre la autopercepción de los ancianos y viceversa. La presencia de características tales como ansiedad, irritabilidad, sensación de insuficiencia para actuar frente al medio, sensación de inutilidad, entre otras, puede llevar a los ancianos a sobre valorar (y en algunos casos extremos, a crear y/o acelerar) algunos rasgos propios de la vejez. De igual modo, cabe suponer que la presencia de dichos rasgos y su efectos en las vidas de las personas evaluadas puede generar problemas psicológicos, ya que, al parecer, las limitaciones que conllevan y la marginación social que les es concomitante, terminan por afectar el equilibrio interno de los individuos. Lo más probable es que exista una influencia recíproca entre ambos factores, los mismos que a la manera de un círculo vicioso se retroalimentan mutuamente.
3) Autonomía Funcional:
- Entre las principales características de esta área se destacan los problemas para movilizarse a lugares distantes (40.9%), preparar sus alimentos (32.7%) y conseguir las cosas que necesitan (29.6%). Aquí, al igual que con las variables anteriores, no se notó la influencia del género sobre el nivel total de autonomía funcional.
- Tampoco se halló relación significativa entre la limitación general para valerse por sí mismos y la edad de los ancianos. La influencia del sexo y la edad debe buscarse en las limitaciones específicas, es decir, en las dificultades concretas que experimentan los ancianos. Por ejemplo, la proporción de mujeres que tiene problemas para movilizarse a lugares distantes (51.6%) es el doble que la de los varones (25.8%), ocurriendo exactamente lo contrario en el caso de los ancianos que tienen problemas para preparar sus alimentos (47% varones y 22.6% mujeres). La explicación para este fenómeno se puede hallar, nuevamente, en la diferenciación de roles genéricos. Por ejemplo, es sabido que las mujeres de hace 50 ó 60 años (en especial, las limeñas de clase media) no solían, por diversos motivos, desplazarse solas a lugares distantes, costumbre ésta que mantendrían desde su juventud. Si buscamos una explicación de otro tipo, esta tendría que abarcar también a los hombres, provocando un impedimento similar (lo cual, como ya se dijo, ocurre en una proporción muy inferior). No se niega la existencia de impedimentos reales (artritis, parálisis, desorientación, temor a perderse, etc.), pero estos conciernen más a casos aislados, de uno y otro sexo, y no pueden utilizarse para explicar el fenómeno general.
- De otro lado, los varones de generaciones pasadas no solían entrar en la cocina "para nada", por ser éste un "lugar de mujeres" (al respecto, es importante señalar que muchos de los varones de la muestra especificaron a los entrevistadores que no preparaban sus alimentos porque sus familiares u otras personas lo hacían por ellos). Las mujeres también tienen más dificultad que los varones para conseguir los bienes de consumo necesarios (22.7% y 34.4%). Esto parece estar asociado a la limitación anteriormente mencionada, dado que si no pueden movilizarse es difícil que puedan salir de compras.
- En cuanto a la influencia de la edad sobre la autonomía funcional, no se notó una correlación significativa entre la acumulación de años y el nivel general de dependencia. La influencia, como en los casos anteriores, debe buscarse en las limitaciones específicas.
Es evidente que los fenómenos descritos deben estar determinados por diversas causas, pero, creemos entender, las principales deben buscarse en la diferenciaión de roles genéricos que rigen en sociedades como la nuestra. La discriminación que sufren las mujeres en el campo laboral, económico, familiar y demás, debe producir un efecto acumulativo que, a posteriori, redunde en una vejez más problemática. En este sentido, la teoría de la continuidad de Atchley (Mishara y Riedel, 1986) parece cumplirse: Una vida marginada y deficitaria (aunque esto en la clase media se da de manera diferente que en la clase baja) produce casi siempre una vejez con problemas. A ello puede contribuir el hecho de que la mayoría de sujetos de la muestra son jubilados o desocupados. Al no tener una actividad significativa actual llenan su tiempo pensando en lo ya vivido. Dicha situación coincide con lo que Simon de Beauvoir (1983) y Carlos Vivanco (1982) plantean, en cuanto a que en la tercera edad los cambios que se experimentan abarcan, en mayor o menor medida, todas las esferas de la vida. Ahora bien, el hecho de que los ancianos destaquen más los cambios físicos que los psicológicos parece estar asociado a la mayor notoriedad de los primeros y a su vinculación con el estereotipo que se maneja del viejo (viejo = arrugado y/o canoso).
En cuanto a la autonomía funcional, lo más resaltante es el estado relativamente aceptable de los ancianos de la muestra. Ello, en comparación al estado de marcada dependencia que caracteriza a la vejez pobre. Los problemas de autonomía son escasos y abarcan a un sector de la muestra más pequeño que aquel que es afectado por los problemas de salud mental o de percepción del envejecimiento. Los ancianos de clase media son más favorecidos que los viejos pobres por las condiciones materiales de existencia y las redes de soporte familiar. Sus necesidades están mejor satisfechas, y ello los conserva mejor en todos los aspectos (Beauvoir, 1983; Casals, 1982). La consecuencia es obvia: hay mayor independencia y libertad de acción en los de clase media, amén de tiempo libre. En síntesis, muchos problemas detectados en la autonomía funcional pueden explicarse a partir de la participación de factores individuales antes que colectivos o grupales. Entre estos se encuentran el aprendizaje, la experiencias vitales críticas, los accidentes y enfermedades, la educación, la ocupación, etc. No se puede descartar la influencia restrictiva que la sociedad ejerce sobre los ancianos, limitándolos en sus posibilidades de actuación, encasillándolos en modelos y patrones de "viejo", y recortándoles sus posibilidades de participación. Las diferencias encontradas en la forma de vivir y exteriorizar la vejez, entre los miembros de la clase media y baja, nos hace poner de relieve los factores sociales, refractados por cada individuo de manera peculiar.
No existe una vejez tipo sino múltiples vejeces; tantas como sociedades, culturas y clases sociales existen. Esta es la lección principal que se desprende de la presente investigación.
Las conclusiones principales son las siguientes:
1) No existen diferencias significativas en los niveles de salud mental, autonomía funcional y percepción del envejecimiento entre los ancianos varones y mujeres de la muestra. Tampoco existen relación significativa entre dichas variables y la edad de los ancianos.
2) Las variables género y edad antes que influir de forma general, se manifiestan de manera específica sobre ciertos aspectos de la salud mental, la autonomía funcional y la percepción del envejecimiento, y sobre algunos grupos de ancianos, como son las mujeres y los más longevos.
3) En cuanto a salud mental, los ancianos presentan más problemas en las áreas de insuficiencia frente al medio, sensibilidad, ansiedad, hipocondríasis, fatigabilidad e irritabilidad.
4) En cuanto a percepción del envejecimiento, los ancianos destacan los cambios en su apariencia externa, déficits sensoriales y de fuerza muscular, y variación de su percepción del tiempo.
5) En lo que respecta a la autonomía funcional, los ancianos destacan por poseer un nivel aceptable de recursos para actuar con independencia frente al medio.
6) Se detectó una relación suntancial entre la presencia de problemas de salud mental y la percepción del envejecimiento.

REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS

1) BEAUVOIR, S. La vejez. Buenos Aires. EDHASA, 1985.
2) BIBOLINI, A., CANO, E., y VASQUEZ, C. Condiciones de existencia y actitudes ante la vida en ancianos de poblaciones urbano﷓marginales de Lima. Lima: AMIDEP, 1990.
3) CASALS, I. Sociología de la ancianidad. Madrid: Mezquita, 1982.
4) Centro Internacional de Gerontología Social. "Consideraciones demográficas". En: Programa de formación en gerontología. Lima: CIGS. pp 7﷓60, 1986.
5) KOLB, L. Psiquiatría clínica moderna. Mexico: Científico Médica, 1978.
6) MISHARA y RIEDEL. El proceso de envejecimiento Madrid: Morata,1986.
7) RICKETTS,P. "Los jóvenes peruanos de hoy". En: Expreso. Lima: 15 de setiembre de 1991. p. A14, 1991.
8) UGARTE, C. "El estado de salud". En: Temas poblacionales I. Lima: AMIDEP, 1986.
9) VIVANCO, C. Tercera edad Lima: Pablo Villanueva editor, 1982.

8 Comments:

  • At 2:50 p. m., Anonymous Anónimo said…

    como veo no son muchas las personas las ke comentan este tipo de temas pero gracias a esta informacion y con el complemento de otra estoy investigando factores protectores de la autonomia... me sirvio para una parte de mi trabajito gracias

     
  • At 6:18 a. m., Anonymous Anónimo said…

    Very cool design! Useful information. Go on! » »

     
  • At 10:36 a. m., Anonymous Anónimo said…

    Keep up the good work Totes winter boots

     
  • At 7:53 a. m., Anonymous Anónimo said…

    Excellent, love it! video editing schools

     
  • At 10:25 p. m., Anonymous Leticia Bravo said…

    hola que tal vivo en México mi nombre es leticia y soy psicóloga y estudio la maestria en terapia familiar sistémica...me interesaron mucho tus temas y me gustaría saber si tuvieras información de investigaciones sobre "la sexualidad en la tercera edad" ya que es mi tema de tesis...te lo agradecería bastante!

     
  • At 9:51 a. m., Blogger Carlos G.P. said…

    Cordiales saludos: Mi nombre es Carlos González. He sido profesor de matemáticas y física en la enseñanza secundaria durante 24 cursos. Finalmente, al verme limitado en mi deseo de practicar una enseñanza basada en los nuevos paradigmas, decidí dejar el camino de la enseñanza oficial e iniciar uno nuevo, alternativo al sistema imperante.
    Durante años, he podido comprobar como mis alumnos adolescentes enterraban sus sueños hasta hacerlos invisibles. Su entorno les enseñaba que la “seguridad” era lo primero: estábamos creando víctimas. La rabia que sentía ante tal panorama la he trasmutado en creatividad, escribiendo un libro que narra cómo empoderar a los adolescentes:
    “Un maestro decide crear un ambiente mágico en su clase para empoderar a sus alumnos. Les ayuda a descubrir los enormes potenciales que habitan en su interior. Les revela un mundo más allá de la mente programada y de las creencias. Para llevar a cabo su proyecto el profesor emplea curiosos trucos...
    Los alumnos van resolviendo los enigmas, que el maestro propone de una forma singular. La clase es una creación de todos. El aprender se transforma en una aventura.
    Poco a poco, cada alumno se convierte en su propio maestro, en una fuente de conocimiento para él y sus compañeros. La vida se torna mágica: pueden vivirla desde su corazón, sin que las creencias les limiten “
    Su título es: “Veintitrés maestros, de corazón – un salto cuántico en la enseñanza-“. En él se plantea un modelo educativo que se basa en descubrir la fuerza interior.
    Hoy puede ser ciencia ficción...tal vez una semilla, pero si la nutrimos puede generar una forma totalmente nueva de enseñar, en la que el ser humano deja de sentirse víctima, para sentirse el creador de su propia vida.
    Creo que su sensibilidad va en la misma dirección que la mía. Por eso, me atrevo a enviale* mi libro en versión digital. He decidido regalarlo persona a persona o institución a institución. Necesita volar...hacia lugares en los que pueda ser bien acogido. Si lo lee le agradecería cualquier comentario. Todos los amantes de la lectura sabemos que bastan cinco minutos con un libro para saber si es de nuestro interés, sólo le pido ese tiempo. Siéntase libre de enviarlo a las personas o asociaciones a las que este libro pueda ayudar. Gracias por su presencia. Le deseo felices creaciones…
    Carlos González
    P.D Mi blog es: www.ladanzadelavida12.blogspot.com
    * El libro se puede descargar en mi blog

     
  • At 6:09 p. m., Blogger huang jihe said…

  • At 6:09 p. m., Blogger huang jihe said…

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